Lo viviente como herramienta de creación
Por Francesca Cozzolino, profesora - investigadora École nationale supérieure des Arts Décoratifs, Paris
A la luz de la crisis ecológica, nuestra relación con lo viviente se ha ido transformando, desembocando en una re-evaluación de nuestras relaciones con la naturaleza, que nos invita a pensar de otra manera los vínculos entre humanos y no-humanos, es decir ya no a través de un prisma de dominación sino a través de una lógica de convivencia y simbiosis con las especies vivientes. La atención vuelta hacia otras formas de vida que la vida humana cuestiona nuestras visiones antropocéntricas del mundo, y al evidenciar la interdependencia de los entornos vivientes[1] influye en los modos de trabajar de los artistas.
El “giro vegetal” del arte contemporáneo no se limita a una re-conexión con la naturaleza, sino que también supone un cuestionamiento de los marcos temporales de la creación artística. A menudo la modernidad artística ha sido marcada por una lógica de aceleración, en particular por el auge del número de bienales, exposiciones y eventos internacionales. Sin embargo, las prácticas ligadas a la jardinería y a la ecología invitan a adoptar un ritmo distinto, que coïncida con los ciclos naturales y la estacionalidad. Por lo cual, crear en un espacio rural o en un jardín obliga a los artistas a pensar de otra manera, en los tiempos largos de la naturaleza y en adaptarse a los ritmos de la tierra y de las plantas. Semejante cambio de temporalidad se encuentra en desfase con las exigencias de la cultura urbana y globalizada, pero abre nuevas vías para una creación eco-responsable y sostenible que tome en cuenta los ciclos de vida de las especies vegetales y animales.
Houria es un escultor que se define como artista-campesino, que no enmarca su trabajo en la sola representación de lo viviente sino en una forma peculiar de interacción con éste, al tomar por mediadores tanto su propio cuerpo como la técnica de la cerámica. Al dar prioridad y mayor protagonismo a esos enfoques teóricos y prácticos que se basan en el « sentirpensar con la tierra »[2], el trabajo de Houria emprende una manera de experimentar nuevas alianzas que integran prácticas de cuidado, de regeneración y de respeto de ciclos naturales.
Formado en la Escuela de Bellas Artes de París, en el taller de Richard Deacon fue donde se inició en la escultura. Más adelante, distanciándose de su formación académica así como de los valores y criterios estéticos del mercado del arte, inició entonces una formación personal y artística, yéndose de París con el proyecto de instalar su taller, primero en el sur de Francia y luego en la isla de Mallorca. A este cambio de localidades vinieron a añadirse unos desplazamientos largos por los países árabes del Mediterráneo. Así fue cómo llevó a cabo su investigación sobre la historia y las técnicas de la cerámica. A la par se abrió a unas experiencias de vida que, tras su estancia en el Rif marroquí, se convirtieron para él en palancas de una nueva relación con lo viviente y con su propia práctica artística.
Houria califica este cambio de « re-programación », hecho fundamental para el estilo de vida que lleva, con la meta de alcanzar una madurez de producción que va más allá de la de productos acabados, enfocándose ante todo en unos protocolos de trabajo destinados a despertar los sentidos, lo que le conduce a realizar acciones performativas peculiares.
Influenciado por los escritos que tratan de agricultura biodinámica, y por la manera en que él mismo hace a diario la experiencia de lo viviente en su finca mallorquina, realiza actualmente unas performancias que requieren una preparación del cuerpo basadas en el trabajo de Marina Abramovic. Son unas experiencias sensibles que pasan por el cuerpo, la percepción, la observación de la naturaleza y gestos performativos en la materia.
Es el caso de « Escultura gestual/Sculpture Gestuelle » (2022-2026), una obra compuesta de una película en stop-motion que también reúne fotografías argénticas. Se percibe en estas imágenes la importancia de la repetición de unos gestos tales como agarrar, torcer, apretar, estirar...Este tipo de obra nos lleva a una inmersión en la eficacia de la acción manual sobre la materia, y nos permite ver la acción recíproca que se establece entre la materia y el artista, uno de ellos imprimiendo una forma y el otro adaptándose a nuevas afordancias. Se trata, pues, de un lenguaje sensorial desarrollado por el artista para interactuar con la materia, al usar su propio cuerpo como única herramienta.
El artista inscribe su trabajo en una manera de crear que re-introduce la materialidad en la creación artística. Por lo tanto, él nos recuerda que, al inicio, la producción de una obra siempre es material y acción técnica. Este vínculo entre cuerpo y técnica teorizado por los trabajos de historiadores y antropólogos tales como Pierre Francastel, Alfred Gell y André Leroi-Gourhan demuestra que la técnica no es solo un conjunto de procedimientos utilitarios sino también un medio para desarrollar una experiencia sensible que se despliega a través de las interacciones corporales con la materia. Según este punto de vista, el proceso artístico ya no se percibe sencillamente como una transformación de la materia con el fin de sacar de ella un producto, sino como un diálogo con esta materia y sus entornos.
Como nos lo explica el artista en la entrevista más abajo, la creación artística, lejos de limitarse a unos objetos autónomos y sacados de su contexto, se convierte en una especie de acción encarnada, en la que el cuerpo -a modo de interfaz sensorial y físico- y los sentidos desempeñan un papel central en la producción y recepción des sus obras. El proceso de creación de este « artista-campesino » se basa en la ambición de re-introducir el cuerpo en el trabajo artístico, y volver a conectarlo con la vida natural y con los procedimientos orgánicos del vegetal. Lejos de percibir pasivamente el mundo, él produce actos creativos que transforman las sensaciones en acciones concretas. Su manera de actuar y plasmar obras traduce esta interacción dinámica entre el cuerpo y la materia, entre lo humano y su entorno.